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miércoles, 14 de enero de 2009

La prueba de Elisa

UNA MIRADA A LA EMBLEMÁ- TICA COOPERATIVA DE AHORRO Y CRÉDITO DE LOS AÑOS 80, CONVERTIDA HOY EN UN ENOR- ME CAOS DE DIEZ PISOS EN EL CORAZÓN DE LIMA


Esta mañana estuve en el centro de Lima con mi hija. Decidimos visitar la feria de libros del jirón Quilca, para comprar una novela de José Vasconcelos que ella debe leer como tarea de vacaciones. Estacionamos el auto a media cuadra, en una cochera de Cailloma, justo en frente de lo que fue la cooperativa Santa Elisa.

Como a muchos adolescentes de ahora, a mi hija no le gusta mucho la idea de ir al centro. Le parece caótico y hostil. Sin embargo, la convencí para echar un vistazo a ese edificio de diez pisos, al que fui tantas veces cuando funcionaban allí un cineclub, un diario de izquierda y un comedor más o menos plantado.

Me costó creer lo que encontramos en nuestra breve incursión matinal: filas de mesas trajinadas y en orden precario, donde los promotores del referéndum sobre el Fonavi hablan con viejos esperanzados en la devolución de sus aportes; libreros que han encontrado en este edificio un espacio donde montar dos caballetes y un tablón para ofrecer libros que ya nadie compra; academias de artes marciales en la penumbra, de las que brotan sonidos y arengas con aires asiáticos; vendedores de menú popular y comensales cansados. En las ventanas de los pisos superiores, tendales armados con cables eléctricos muestran al transeúnte calzones, sostenes, camisas, bluyines, frazadas y medias, en un colorido mix de ropa recién lavada.

Si la decadencia tuviera que elegir un rostro, este lugar sería un candidato de fuerza. ¿Quién no se acuerda de lo que fue Santa Elisa? Allí me tocó ver, por ejemplo, "Fiebre Latina," una película sobre “chicanos” con cinco finales magistralmente distintos. Allí escuché a Puka Sonqo, el grupo de canto latinoamericano referente en mis primeros días de universitario. Allí se editaba La Voz, el diario de un ala de la izquierda peruana antes de la ruptura de 1990. Allí funcionaba un comedor autoservicio de razonable relación calidad-precio, al que acudían los oficinistas de la zona. En Santa Elisa creo que hasta mi madre pidió un préstamo para enrejar el patio de mi casa.

¿Habrá manera de recuperar al menos el local de lo que fue una emblemática cooperativa de ahorro y crédito en los años ochenta? Es una prueba de fuego.

(FOTO DEL JIRÓN QUILCA, a media cuadra de Santa Elisa. La foto es de KLAUS-PETER HEUSSLER. Tomada de www.kheussler.de)