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domingo, 12 de abril de 2009

“Chemo”, a remar más fuerte


Imagino a mi querido “Chemo” Sánchez celebrando a esta hora del domingo el triunfo del “Ciclón del Norte” sobre la “U”. Él no es chiclayano ni creo que tenga simpatías especiales por Franco Navarro, el entrenador de Juan Aurich, ni por el “Loco” Delgado, arquero de los rojos en esta temporada.


En realidad, el “Chemo” es aliancista de corazón y fanático de profesión. Como editor de la página de Deportes, lo he sorprendido más de una vez titulando en función de Alianza Lima sin que los “grones” tengan nada que ver en el asunto.


Una vez empataron San Martín y César Vallejo en Trujillo, y el “Chemo” me salió con un titular extraño: “Santos y poetas jugaron para Alianza”. El año pasado, cuando los victorianos estaban en riesgo de perder la categoría, Cristal le ganó al Boys y el “Chemo” quería titular así: “Alianza cada vez más lejos de la baja”.


-- Chemo, pero Alianza no ha jugado hoy, ¿por qué tienes que meter a tu equipo en el titular?–, planteé mis reparos, como jefe a cargo de la edición de los sábados.

-- No, pues, hermano, tienes que ver el efecto de la noticia, tienes que sintonizar con el interés del público–, me salió con una gambeta a lo Jhonnier Montaño.


Me cae muy bien el “Chemo” Sánchez, pero igual le cambio los titulares cuando se deja ganar por su fanatismo. Como editor de Deportes, él sigue las transmisiones del fútbol en un televisor ubicado en la parte posterior de la redacción de El Peruano. Y, de cuando en cuando, escucho sus gritos destemplados cuando cualquier equipo le hace un gol a Universitario. “Oye, ¿tú no eres hincha de Alianza? ¿Qué haces celebrando el gol de Intigas?” Siempre retruca con cosas graciosas: “Mi hermano, soy hincha del fútbol.”


El otro día llegó al colmo de celebrar un gol del Bolognesi de Tacna contra el Aurich de Chiclayo. Como los dos equipos son rojos, al Aurich le tocó jugar de blanco. Pero como “Chemo” no se había percatado de ese detalle, saltó de su asiento cuando vio que un delantero rojo metió la bola en el arco blanco. Pensaba que era gol del Aurich, con lo cual hubiera desplazado a la “U” de la punta del campeonato. “¡Oye, ahora eres del Bolo, carajo!”, le grité desde mi escritorio. Recién entonces se dio cuenta de que el gol había sido de los tacneños.


El domingo por la madrugada, tres sujetos asaltaron al “Chemo” Sánchez cerca de su casa. Querían subirlo a un carro, pero como él no se dejó, lo golpearon a lo bestia. Quedó con heridas y hematomas por todo el cuerpo. Mis saludos para mi querido Juan Sánchez. Que se mejore pronto y que este triunfo del Aurich le sirva para alegrar un poquito más su fin de semana. A los “merengues” solo nos queda esperar la siguiente fecha, para remar más fuerte rumbo al título.

jueves, 29 de enero de 2009

¿Quién responde por este papelón?


Justo cuando tenía todo a mi disposición para reírme por varios días de mis amigos “blanquiazules” en el diario –por la huachafada de Manco llevando a su mamá a la concentración en Venezuela–, viene esto de la noche crema.


Por puro azar, no llegué al Monumental, pese a que tenía mi entrada para occidente y credencial de parqueo en la zona de tierra. Camino a casa, seguí la transmisión de Radioprogramas.


No he visto aún los diarios de hoy, jueves. Pero supongo que las críticas han de ser ácidas. ¿Quién responde por este papelón? Según los comentaristas de la radio y la “tele”, el problema no fue solo con la iluminación, sino también con los baños, el agua y el aseo general del estadio.


Toda la vida nos han dicho que somos un club grande, con tradición, con historia, y que somos más de la mitad del país. Cuando bromeo con mis amigos, afirmo siempre que la “U” está para jugar en la Premier League o en el “calzio” italiano.


Soñar no cuesta nada. Está bien, seamos realistas: somos parte de una liga pobretona, sin grandes aspiraciones desde hace mucho; somos parte de un campeonato al que aterriza cualquier extranjero de currículo dudoso y que los clubes son un cúmulo de deudas impagas.


Pero, ¿de allí a montar este papelón? Para no ir muy lejos, no imagino al Emelec suspendiendo un partido de presentación por falta de luz. Ni siquiera al Bolívar. Ya no reniego más. Esta tarde, cuando vea a mis amigos de Alianza, no me gastaré con ellos ningún chiste. Aguantaré sus bromas. Sin embargo, interiormente seguiré cantando: “¡Merengue, merengue, merengue… merengue es mi corazón!”