jueves, 2 de julio de 2009
¿Alguien tiene una explicación?
Prensa oficial y libre mercado
El 27 de marzo de 1991, el gobierno de Alberto Fujimori eliminó por decreto los monopolios que diez empresas públicas mantenían en sectores tan diversos como los ferrocarriles, la venta de sal, el comercio de tabaco y la publicidad del Estado. ¿Cuál es la relación entre esta medida de corte liberal y la posterior transformación en el trabajo informativo en los medios de comunicación de propiedad del Estado? La historia del periodismo peruano no ha abordado todavía con profundidad este importante capítulo de cambios y continuidades.
Antes de esta fecha, estos medios no disimulaban su interés por orientar la información a favor del gobierno de turno; y después de 1991 –tras la privatización de la publicidad estatal–, la situación no fue muy diferente. Sin embargo, algo ha cambiado en la forma de hacer periodismo en estos espacios, principalmente en la agencia de noticias y el diario del Estado. El origen de los cambios en el manejo periodístico entre una etapa y otra debería buscarse en el ámbito de los recursos disponibles para costear una actividad tan poco rentable como la difusión de noticias.
Con un monopolio vigente desde los tiempos del gobierno militar que comenzó en 1968, la Agencia de Noticias y Publicidad Andina disponía de una fuente de ingresos importante: las empresas estatales debían contratar sus campañas por medio de Andina, dejando para ésta un margen de ganancias nada despreciable. Si los ingresos más importantes llegaban por el lado de la publicidad, entonces la información quedaba reducida a la condición de actividad secundaria o, en el mejor de los casos, de rubro complementario.
La investigación que estoy por culminar intenta demostrar que esa fue la dinámica de juego en la agencia estatal a lo largo de toda la década de 1980. La primera comprobación de esta realidad se encuentra en un hecho a la vista: si en ese período la agencia del Estado hubiera dependido solamente de sus ingresos por venta de noticias, habría funcionado a pérdida hasta llegar rápidamente a la bancarrota. Eso mismo fue lo que ocurrió tras el final del monopolio de la publicidad estatal.
He presentado un borrador de esta investigación a mis profesores de Comunicación Social en San Marcos, con el fin de obtener la licenciatura por informe profesional. Como parte de los ajustes sugeridos por los docentes informantes, debo revisar cuatro libros que en estos días repaso con deleite: “Comunicación y democracia en el Perú”, “Mito y verdad de los diarios de Lima”, “Historia de la Prensa Peruana” y “La revolución por decreto”. Los tres primeros son del maestro Juan Gargurevich; y el tercero, de Dirk Kruijt.
Pese a que intento abordar el tema periodístico desde su relación con el componente financiero, convengo en aceptar que la información no es un negocio como cualquiera. En el cálculo de su costo y rentabilidad, entran en juego factores más allá del argumento simplemente contable. Y el más importante de ellos es el político.
En los años setenta y ochenta, en la discusión del Nuevo Orden Mundial para la Información y las Comunicaciones, los países no alineados protestaban contra los desequilibrios y desigualdades en el campo de la circulación de las noticias. En esa realidad compleja y en ese argumento atendible se sustentó el discurso sobre la necesidad de que las naciones en vías de desarrollo constituyeran o consolidaran sus propias agencias de noticias.
Pero, como ocurre a menudo, el debate ideológico marcha por una cuerda y la materialización de sus propuestas toma un camino distinto. ¿Había necesidad de un nuevo orden para la información? Probablemente. Pero, ¿era esto carta blanca para hacer un periodismo alejado de criterios básicos como la objetividad y la pluralidad? Que cada uno ensaye sus propias respuestas.
Por cuestiones de orden académico, la manipulación de la prensa por parte de Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos no forma parte de mi investigación, toda vez que los socios del período 1990-2000 centraron su accionar sobre la televisión privada y los “diarios chicha”, comprando y vendiendo líneas editoriales y compromisos de protección con rumas de dinero apiladas en la ya famosa salita con muebles de cuero de la sede del SIN.
Esto no quiere decir, sin embargo, que los medios de propiedad del Estado estuvieron libres de la influencia de la dupla Fujimori-Montesinos. Quizás sea apenas la demostración de que un periodismo que se reclama serio pero que resulta poco atractivo para el gran público, paradójicamente, termina relegado a un segundo plano hasta en el juego sucio de la manipulación informativa.
Integro el equipo periodístico de ambos medios estatales desde hace casi doce años y, por lo tanto, mis opiniones podrían entenderse como posición de parte. Sin embargo, intento que esta investigación constituya un aporte para el análisis de los medios del Estado con espíritu crítico y constructivo.
sábado, 27 de junio de 2009
Medios y democracia: acertijo por resolver

La última clase con Rafael Roncagliolo en
¿Qué tanto aporta la prensa a la gobernabilidad y a la estabilidad del país? Hay respuestas para todos los gustos. Incluso, con ánimo de confrontación, algunos de nosotros podríamos preguntar: ¿Y acaso el papel de la prensa es aportar a la gobernabilidad? Lo que nadie podría refutar es lo que Roncagliolo añadió después, para sostener su punto de vista: Para los periodistas, el consenso no es noticia; el conflicto, en cambio, siempre es noticia.
Los medios de comunicación constituyen el más importante de los poderes fácticos en democracia. Y su fortaleza aumenta en relación directa con la debilidad de los partidos. Por eso, la relación entre medios y políticos es siempre compleja.
En el inicio de la democracia contemporánea, los actores clave del sistema eran los grupos parlamentarios, los miembros de las cámaras. Maurice Duverger afirma que para formar un partido político había que tener tres cosas: un grupo parlamentario, un comité electoral y un periódico. Después, cuando la sociedad avanzó hacia la democracia de los partidos de masas, el eje de la actividad política se concentró en las maquinarias electorales. Había que aglutinar militantes, simpatizantes y electores en calles y plazas, para ganar votos y acceder al control del Estado. La más reciente etapa en esta escalera es la democracia mediática o democracia de audiencia, donde los líderes ya no son dirigentes al viejo estilo, sino “dirigidos” por los medios y las encuestas. Hoy, en la práctica, el líder más exitoso es aquel que ha aprendido a sintonizar con la agenda pública expresada en los medios, principalmente en la televisión.
Pero, ¿si los medios tienen una agenda y unos intereses muy poco comprometidos con la gobernabilidad, centrados básicamente en el escándalo, como una forma de hacer negocio, a quién están respondiendo en el fondo los políticos? Mientras los periodistas y los grupos de poder económico que controlan los medios –los dos elementos a la vez, seguramente— no consigan resolver el acertijo de su función y responsabilidad en el juego democrático, continuaremos como hasta hoy, con un país sin consenso en torno a un proyecto nacional y que no termina de cuajar ni en lo político, ni en lo económico, ni en lo social.
lunes, 15 de junio de 2009
Más de lo mismo en Lima
Me acompaña Daniela, mi hija. Ella tiene dos días libres porque las clases se suspendieron en su colegio. Justo en frente de la puerta principal del SS. CC. Belén está la embajada de Nicaragua. Allí se asiló Alberto Pizango después de la revuelta de Bagua. Por seguridad, la directora prefirió dar asueto a los estudiantes.
Estamos en el jirón Cusco, cerca a la tienda Metro de Lampa. Echo un vistazo a mi alrededor y veo por lo menos ciento cincuenta autos tratando de avanzar hacia el norte. Esperamos alineados en cuatro carriles, sin saber que en la esquina de Carabaya todos tendremos que pasar por el cuello de un embudo. Los cuatro carriles se convierten en uno: el municipio ha cerrado parte de la vía.
Desde hace año y medio, aproximadamente, la ciudad vive en el caos, debido a las obras del Metropolitano. Es cierto que nadie está en contra del progreso y que sería una locura protestar contra la ejecución de obras públicas. Es cierto también que no hay mejora a costo cero y que si el precio para el ciudadano común es tener que soportar viajes urbanos con esperas agotadoras, habrá que pagarlo de alguna manera.
Lo que no convence es el hecho de que los plazos de ejecución son letra muerta para nuestras autoridades. Los trabajos de la Vía Expresa, por ejemplo, se anunciaron con bombos y platillos, con el compromiso de devolver a la ciudad esa importante arteria en un plazo de 300 días. El asfaltado se hizo más o menos en el tiempo previsto, pero los carriles nuevos siguen cerrados al paso de unidades de transporte.
Se colocó cemento y fierro, pero hasta hoy nadie puede beneficiarse de esa inversión, hecha con el dinero de todos nosotros. Algo parecido ocurre en Garcilaso de la Vega, en Roosevelt, en la Túpac Amaru. Hoy mismo, el municipio inició la segunda etapa de la construcción de un by-pass en el cruce de Wilson con la avenida España. Nos han dicho que los trabajos tomarán 45 días y esperamos que la oferta se cumpla. Del desorden creado en Alfonso Ugarte --donde se encuentra el local del diario donde trabajo-- prefiero no decir nada. Sería una versión de parte.
A ojo de buen cubero, si en cada auto de los 150 que vi solo en el atolladero de Cusco con Carabaya hubiera cuatro personas, estaríamos hablando de 600 sufridos ciudadanos atrapados en la trampa del desinterés de nuestro municipio. Si cada uno perdió un cuarto de hora en el embudo de marras, entonces la pérdida global es de 150 horas/hombre.
Si cada hora de trabajo cuesta 5 dólares --precio de migrante latino en EE UU--, en ese ratito se perdieron 750 dólares. A eso habría que sumarle el consumo improductivo de combustible, porque nadie apaga el motor de su auto mientas espera que algún policía se apiede de los usuarios y aligere el paso de los carros. La suma de los factores y su multiplicación por el número de atracos en la ciudad a lo largo del día puede dar cantidades sorprendentes.
Y es que evaluar los "super-atracos" de Panamericana Norte, Puente del Ejército, Plaza Bolognesi o Abancay y Colmena es ya hablar en palabras mayores. En esas rutas troncales, en cada ómnibus viajan entre cincuenta y setenta personas. Además, en el costo habría que incluir también el deterioro de la salud mental: en un nudo de 30 minutos, la gente acumula estrés y bilis en grandes proporciones, y cualquiera termina convertido en un "ciudadano-bomba" listo para estallar ante el más mínimo estímulo negativo.
La gente del CIES calculó hace algún tiempo el costo de la contaminación ambiental en la capital. Sería oportuno que calculara ahora el precio de los atolladeros, para saber cuánto les deben el alcalde y sus funcionarios a los ciudadanos a los que pedirán apoyo en las próximas elecciones. Por lo pronto, Daniela no votará por ellos.
sábado, 13 de junio de 2009
¿No será un mutante?
lunes, 8 de junio de 2009
Para ser un papá modelo
No sé a ciencia cierta con qué soñaba de chico, pero de joven él despertó de golpe a la realidad, cuando estaba por cumplir 23 años. Es una historia que se repite, con matices de asombro y preocupación de acuerdo con la personalidad de los involucrados.
Entre la primera noticia, los controles del embarazo y el parto, Julio César practicó más matemáticas que en todos sus años en el colegio: esto para pañales, tanto para medicinas, más esto para la leche; al sueldo se le resta el gasto fijo de luz y agua, y lo que queda se divide entre treinta días.
Lo conocemos como “Yiyo”, es zurdo y es fanático de Alianza Lima, lo cual es irrelevante (para esta historia). Juega fulbito con la gente de San Pedro los domingos en el Manhattan Park –el rimbombante nombre de un terral donde el municipio de Comas ha construido dos lozas deportivas— y trabaja en un restaurante de comida criolla.
Alguna vez me comentó que quería estudiar cómputo y yo lo desanimé diciéndole que la carrera de “computación e informática” que ofrecen las academias del centro sólo sirve cuando tienes una aplicación concreta que darle en el trabajo diario.
Dos o tres años atrás, Gustavo Yamada presentó un informe lapidario sobre la tasa de retorno de la educación superior no universitaria. En dos patadas, lo que el experto del CIES sostiene es que si un joven se mete en un instituto de Wilson a estudiar alguna de esas especialidades de moda, está perdiendo dinero.
La tasa de retorno es cercana a cero: es decir, aunque estudiaras en Wilson, una vez que termines, con tu cartoncito bajo el brazo, tu sueldo será igual al que recibirías si no hubieras estudiado nada.
A modo de consejo, Yamada comenta que en lugar de pagar mensualidad tras mensualidad por tres años consecutivos, mejor sería ahorrar esa plata para montar un pequeño negocio, comprar un carrito “sanguchero” o conseguirse una remalladora.
Tal como están las cosas, la paternidad no es cosa de juego. En realidad, nunca lo ha sido, y menos aún para los más jóvenes. Ser padre significa, en muchos casos, postergar nuestras justas y legítimas aspiraciones por el futuro de la patria. Porque los niños son el futuro de la patria, ¿cierto?
Julio César quiere ser un papá modelo. Y, en un sentido amplio y a su manera, ya lo es. Ayer, por ejemplo, dejó de jugar el fulbito –que tanto le gusta y que tantas tristezas le trae– para pasar una tarde con su familia. No es mucho, pero es un indicador.
Yo, por mi parte, pongo a su consideración estas fotografías, en las que el gran Yiyo modela para el lente de “Silencio Pirata”, con unos zapatos respecto a los cuales me abstengo de hacer cualquier comentario, por respeto a la sensibilidad de algunos lectores. Es el Papá Modelo 2009.
martes, 2 de junio de 2009
A un pasito de Lima
En un fin de semana cualquiera, llegar a la provincia de Canta sale más barato que pedir un taxi de Breña a
Esta tarifa no vale para los días de fiesta. Si quieres ir en Semana Santa, 28 de Julio, Año Nuevo o algún feriado largo, la cosa cambia: multiplica todo por tres y ruega al beato de tu preferencia por la gracia de encontrar, primero, transporte y, después, alojamiento.
La semana pasada, en una visita relámpago a Canta, tuve por fin la oportunidad de conocer Cantamarca. Me habían hablado de ese sitio arqueológico desde los tiempos de Óscar Pacheco, el profesor de Taller de Fotografía en San Marcos, asiduo promotor de muy comentados “viajes de estudio”. La verdad, yo nunca tomé de manera formal uno de sus cursos, pero me colé en su grupo un par de veces para conocer Marcahuasi y Obrajillo.
El viernes llegamos a Canta como a las 11.00 de la mañana, previa parada en Santa Rosa de Quives. ¿Qué te puedo decir de la carretera? Si la comparas con la ruta Tocache-Santa Lucía, entonces los
En Canta, el hospedaje Santa Catalina cobra 50 soles la noche, incluida la cochera. Es una casona antigua, acogedora, con escaleras y piso de madera y techo a dos aguas. Pero en Obrajillo encontramos un lugar más amplio, se puede decir que moderno, de cuatro pisos y limpio. Cada dormitorio de
La única desventaja es que tienen un servicio de televisión por cable que parece contratado al mismísimo Hugo Chávez. Por más que hice zapping con insistencia testaruda, solo encontré a Daniel Ortega homenajeando a las madres de Nicaragua; al propio Chávez inaugurando una planta de energía en algún lugar de Venezuela; a políticos bolivianos discutiendo sobre gober- nabilidad; y a “intelectuales” argentinos analizando la importancia de coleccionar versiones de
Lo mejor del paseo fue conocer Cantamarca. Después de guardar nuestras cosas, tomamos una patasca en la plaza de armas de Obrajillo y subimos a Canta decididos a hacer el tour hacia la laguna de
Como no queríamos volver al hotel con las manos vacías, preguntamos por cómo llegar a Cantamarca. Hay dos alternativas, nos dijo un vendedor de guantes y chullos. “Pueden subir a pie, lo que les tomará como tres horas”. ¡Descartado, mi hermano!, pensé. “O pueden pagar un taxi, negociando un buen precio con el chofer, que puede ser como 60 soles por los dos, subida, espera y retorno”, agregó el muchacho.
En el paradero de las combis Canta-Obrajillo, conocimos a Eliseo, el conductor de un viejo Toyota Carina petrolero que se hizo el que calculaba combustible, tiempo y desgaste de su unidad para decirnos “¡Sesenta, con espera y guiado!”. Al final aceptó 45 soles, con la posibilidad de que si encontraba algún pasajero en el camino, lo subiría para compensar el descuento. Era una salida salomónica.
Cantamarca está en la cima de un cerro con una loma saliente desde la cual se puede apreciar casi todo el valle del Chillón. Al oeste, las siluetas de los cerros cercanos a Lima; y al este, los azulados contornos de la cordillera.
El sitio arqueológico en sí mismo es una pequeña maravilla: construcciones centenarias de formas circulares, con muros de piedra y una columna central de cono invertido que soporta un techo también de piedra, cubierto de tierra sobre la que crecen plantas pequeñas. No son más de ochos o diez casitas, dos de ellas muy bien conservadas, pero la mayoría destruida por el huaqueo y el abandono. En la parte más alta del cerro, una explanada cercada por un parapeto acoge a la cruz del pueblo y a una capilla, donde se guardan las andas y los adornos para la fiesta de mayo.
Dos cosas nos llamaron la atención sobremanera: primero, el que nadie esté a cargo del cuidado físico de este sitio histórico y, segundo, la cantidad de basura que dejan los celebrantes de la fiesta de la cruz. En cualquier caso, date un tiempo, date un gusto. Puedes conocer esta belleza en un solo día.